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Sunday, January 08, 2006

 

La arrogancia de Bill Gates frente a Google


Hace unos días Bill Gates se quejó de la cobertura que los periodistas le dan a Google que, además de todo, dijo, no es su principal competidor. De paso, el señor Gates pidió que se hable más de IBM, empresa que sí considera digna de Microsoft y de la que, lamenta, se dice poco en los medios de comunicación.
¿Por qué dijo una cosa así el señor Gates? Simple y llanamente porque le ganó la arrogancia. Y porque sabe que Google se ha convertido en un peligro para su emporio. El líder buscador, en tan sólo unos cuantos años ha logrado lo que a Microsoft le costó décadas conseguir.
Además, si Billy quiere que mencionemos más a IBM es porque, seguramente, no se le olvida que fue precisamente esa empresa, la que le dio el contrato con el que inició su camino a la fortuna: sus computadoras personales de principios de los años ochenta usaban el sistema operativo MS-DOS que Gates compró para cubrir el pedido que le hizo, justamente, IBM.
Pero si Gates pide que se escriba más de esta otra compañía, lo haremos.
IBM es una compañía que, según la enciclopedia virtual de software libre, Wikipedia, fue constituida como tal a principios del siglo pasado, el 15 de julio de 1911, aunque, según aclaran, opera desde 1888.
Entre las muchas “perlas” de la compañía destaca que durante la Segunda Guerra Mundial, la división alemana de IBM, Dehomag, colaboró con el régimen nazi de Adolf Hitler en la elaboración de tarjetas perforadas para análisis de datos. Estas tarjetas constituyen el principio “primitivo” de la computación moderna y eran utilizadas para, principalmente, descifrar los códigos de los espías de uno y otro bando durante la mayor guerra de la historia de la humanidad.
Al inicio, IBM producía una amplia gama de productos que iban desde sistemas para el control de empleados, hasta cortadoras de carne. Esto incluye a las célebres máquinas de escribir que dejó de producir cuando inició el boom de las computadoras a principios de los años setenta.
Después de ser acusada en tribunales –en un pleito que duró 14 años– por tratar “de monopolizar los dispositivos electrónicos de propósito general”, según Wikipedia, IBM incursionó en el mercado de las computadoras personales. Las PC de IBM se convirtieron en modelo a seguir para los fabricantes de procesadores portátiles a principios de los ochenta.
Más tarde, en 1993, la empresa reportó pérdidas por cerca de ocho mil millones de dólares. Las más cuantiosas, para una sola empresa, en la historia de Estados Unidos.
IBM se reformó y reenfocó sus esfuerzos hacia la venta de servicios informáticos, lo que la sacó del atolladero financiero en el que se encontraba y la reposicionó como empresa líder en su ramo.
Hoy, IBM es una empresa que factura al año casi cien mil millones de dólares (dos veces la fortuna de Bill Gates) y que tiene 320 mil empleados repartidos en 160 países.
Esta es la historia de la empresa que, según Gates, es digna competidora de Microsoft.
Así pues, la infinita arrogancia que caracteriza a los poderosos, llevó al hombre más adinerado del planeta, no nada más a dictarles a los periodistas los temas de los que deben escribir, sino a comparar a su compañía con IBM. Y, la verdad, eso sí que es un exceso:
Microsoft es una empresa que apenas facturó 39 mil millones de dólares el año pasado y que “solo” cuenta con cerca de 60 mil empleados.
Es decir, Gates está comparando peras con alpiste.
Si bien la empresa de las ventanitas ha tenido un crecimiento impresionante y es dueña de la mitad del mercado mundial de programas para computadoras, no está en posición de competir con IBM, evidentemente.
En cambio, sí podría preocuparse más por la otra empresa de la que les pide a los periodistas no hablar tanto: Google.
Y es que si bien el buscador informático es tan pequeño, en términos financieros, para Microsoft, como ésta lo es para IBM, la gran diferencia es que, en tan solo siete años desde su constitución, Google ya factura casi 10 por ciento de lo que logra la empresa de Gates, misma que tiene casi 30 años de existencia. Esto, por un lado. Por el otro, Google se ha encargado de crear productos y servicios gratuitos, la gran mayoría, que lo han posicionado en un mercado en el que Gates soñaría siquiera con figurar: internet.
Y mientras, Microsoft hace todas las piruetas posibles para obligarnos a consumir sus productos originales que cuestan cientos de euros.
Así pues, el señor Gates debería dejar a los periodistas escribir de lo que se les dé la gana, no hacer comparaciones tan baratas y desarrollar productos a los que no se les tenga que poner un nuevo “parche” cada semana.

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